Experiencias en primera persona. Congo

En 2006 también saltó a la opinión pública el caso de varias familias catalanas que viajaron al Congo a formalizar sus procesos de adopción, encontrándose con que había una serie de irregularidades, entre ellas que habían aparecido las familias de tres de los cuatro menores que fueron adoptados y ya se encontraban en España. Otras 11 familias que estaban pendientes de viajar se encontraron con que tres de las familias biológicas de los 11 menores no habían renunciado legalmente a ellos.   
La falta de fiabilidad de algunos documentos oficiales que garantizaran que los menores eran adoptables y, por tanto, que no procede del tráfico de menores, llevó a la Generalitat, después de meses de incertidumbre para las familias y de dimes y diretes sobre quién tenía la responsabilidad política de lo que estaba ocurriendo, a suspender las adopciones que esa ECAI gestionaba en el Congo.
La Consellera de Bienestar y Familia denunció que dicha entidad podría haber sacado a seis menores de un orfanato de la capital del país, sin que la Generalitat, autoridad competente en materia de adopción en Cataluña, hubiera autorizado su asignación a las familias adoptantes. El Convenio de La Haya, que España ratificó en 1995, obliga a los países de origen de los menores adoptados a garantizar que pueden ser adoptados, requisito que esta ECAI no estaba cumpliendo en el Congo.
Este es el testimonio de una de las familias afectadas por las irregularidades cometidas por una entidad autorizada por la Generalitat para llevar a cabo los procesos de adopción en aquel país.
“Nosotros elegimos adoptar con una ECAI porque supuestamente nos daba más seguridad, pero cuál fue nuestra sorpresa cuando todo se complicó. La ECAI cometió irregularidades en papeles de otras adopciones y la desacreditaron temporalmente, entonces nos quedamos a la espera, sabiendo que teníamos ya la asignación.
En todo ese tiempo los Servicios Sociales de la comunidad de origen de la ECAI nos decía que pronto se arreglaría, que era cuestión de días y que no nos asustáramos. Día tras día llamábamos por teléfono. Un día te decían que estaba todo perdido y otro que todo estaba bien.
Así estuvimos 5 meses, quemándonos muchísimo psicológicamente. Finalmente los Servicios Sociales volvieron a acreditar a la ECAI para que pudieran dar las asignaciones y terminar los procesos pendientes. Nos dieron la foto y el  informe de nuestro hijo. Lo que no sabíamos es que después vendría un infierno en el que nos dejamos la piel luchando.  
A partir de que nos dieron la asignación, constatamos que los papeles del menor no estaban bien, así que había que hacerlos de nuevo. En la clínica que supuestamente le habían hecho pruebas decían que allí nunca lo habían atendido. Por fin descubrimos la verdad y resulta que nuestro hijo nunca había estado en la casa cuna que la ECAI decía tener, por la cual habíamos pagado 3000 euros de manutención hasta recogerlo.
Cuando se destaparon todas las mentiras y estafas de la ECAI, los Servicios Sociales de la Generalitat volvieron a desacreditarlos, así que a través de unos abogados nosotros mismos terminamos gestionándonos nuestra adopción, es más, los Servicios Sociales ni se enteraron de que fuimos a recoger a nuestro hijo. La actuación de la Administración fue nefasta. Cuando llevábamos un par de días en el país fue cuando nos llamaron para darnos la enhorabuena y para decir en los medios de comunicación que ellos habían solucionado todo.
La embajada de España en el país dijo que el precio que nos cobró la ECAI ( y digo cobró porque no nos ha devuelto ni un solo céntimo) no tiene nada que ver con los gastos reales. La ECAI nos cobró tres veces más de lo que realmente cuesta un proceso en ese país por protocolo público.
Cuando por fin pudimos abrazar a nuestro hijo estaba muy enfermo, pesaba 4 kilos con doce meses, había pasado tres malarias, y tenía un problema de corazón.
Pero gracias a Dios, hoy por hoy está genial, no tiene ningún problema en su corazón, se ha recuperado de su mala salud y es la ilusión de nuestra vida. Eso sí, gracias a las malas gestiones de esta ECAI, España cerró las adopciones en este país.
 Bajo nuestra opinión y nuestra experiencia, creemos que la Administración no controla a las ECAIs lo suficiente, y cuando estas cometen errores, las mismas Administraciones tapan esos errores. Esto no favorece a las adopciones ni a los niños, más bien perjudica a todos. Las Administraciones deberían tratar directamente con los países sin más intermediarios, ni pagos excesivos. Las  familias lo único que queremos es tener un hijo con todas las garantías y en el futuro poder mirar a nuestros hijos a los ojos diciéndoles que su adopción fue transparente y legal. Al igual que a los padres se nos someten a los estudios psicológicos y sociales, a las ECAIs deberían someterlas a controles muy estrictos para evitar que ocurran casos como el nuestro”.

Etiopía

Otro país donde también han surgido irregularidades es Etiopía. Los problemas corren por los foros de Internet, pero la Administración no parece tomar cartas en el asunto. Muchos de los problemas tienen que ver con la edad de los niños y con el certificado de adoptabilidad. Así, una familia, con un perfil de 0 a 2 años, tras firmar la asignación, se encontró con que le dieron otro niño de 5 años. La única explicación que dio la ECAI es que, de haberle informado de la verdad, no habrían firmado la asignación.
En otros casos los niños tienen hasta 2 y 3 años más de lo que dice el certificado de nacimiento o hay discrepancias entre la edad que dice la ECAI y la edad que aparece en el certificado de nacimiento.
También se ha dado el caso de informar de que el menor es huérfano, cuando posteriormente se pudo comprobar que los padres biológicos no habían muerto.
Todas estas irregularidades fueron cometidas por una ECAI acreditada por la Generalitat. He aquí el testimonio de una de estas familias.
“En el 2006 adoptamos a nuestra cuarta hija en un país del Africa Oriental, tras un proceso de dos años y medio de espera. Cuando recibimos las fotos de la asignación, se nos despertaron las mismas emociones que con nuestra tercera hija, adoptada en China en el 2002. Nuestra pequeña, aunque con cara de asustada, parecía estar bastante bien, en una foto se la veía comiendo y en otra de pie. Nos habían dicho que en el momento del ingreso en la casa cuna sufría de neumonía pero que estaba siendo tratada tras ser vista por un médico cuya buena reputación es conocida entre los padres adoptantes en el país de origen de nuestra hija.
Esto nos tranquilizó bastante, aunque seguimos llamando durante el casi mes de espera hasta el viaje, informándonos en todo momento que nuestra hija estaba cada día mejor, y que además el estar en la casa cuna garantizaba que tuviese los cuidados oportunos.
Así llego el día en que nos fuimos a buscarla...
La llegada a la casa cuna de la agencia de adopción fue bastante caótica, cada uno buscando a su hijo/a sin que nadie nos dijese nada. Recuerdo que había una niñita en la puerta de la casa cuna, tendría unos dos años y medio, la edad que nos habían dicho que tenía nuestra hija... se parecía a la niña de la foto, así que pensé que era ella y la cogí en mis brazos... entonces apareció una cuidadora y nos dijo que esa niña no era nuestra hija, que nuestra hija estaba en la cuna... ¿En la cuna? ¿Esperándonos en la cuna a los dos años y medio a las doce del mediodía? Cuando nos la sacaron entendimos por qué...
Nuestra hija estaba en unas condiciones lamentables... era puro pellejo y huesos. Su piel era como pergamino, cuarteada y llena de lesiones. Estaba asustada, pero no tenía fuerzas para rebelarse... aunque daba también la impresión de que quería salir de allí cuanto antes y fuese con quien fuese...
Preguntamos a las cuidadoras quién o quiénes habían  cuidado de nuestra hija, y nos dijeron literalmente “nadie”.
Los representantes de la ECAI estaban allí como podían haber estado vendiendo lechugas.
Tras un rato que nos pareció interminable, ya que lo único que queríamos era irnos de aquel sitio para nunca más volver, llegamos al hotel. Allí verificamos el penoso estado de nuestra niña tras explorarla, y pudimos constatar que seguía sufriendo de neumonía (somos ambos médicos),  deshidratación, profunda desnutrición (síndrome de Kwashiarkor marasmático) y empezaba con diarrea (todas ellas causa de muerte en niños menores de cinco años en Africa). Lloraba sin lágrimas, por la falta de líquido en su cuerpo. Por supuesto no se tenia en pie, de hecho no podía ni cambiar de posición. Empezamos a administrarle antibióticos y un broncodilatador, así como aporte líquido, que por suerte toleró. Sabíamos que si la ingresábamos en un hospital el índice de infecciones extrahospitalarias es tan alto que sería peor el remedio que la enfermedad...
Las mujeres del personal de limpieza del hotel cuando la vieron cambiaron su expresión, moviendo la cara de un lado a otro. Recuerdo que cada día miraban los pañales con gran expresión de preocupación hasta que al cuarto día nos dijeron, la niña vivirá. Nuestra hija estuvo tres días sin orinar hasta que los líquidos empezaron a hacerle efecto, tan profunda era su deshidratación.
Nuestra hija tardó dos meses en poder andar. Como resultado de su desnutrición, confirmada como aguda y como adquirida en la casa cuna de la ECAI, ya que el pediatra nos confirmó que cuando la exploró al ingresar no la tenía. Como consecuencia, tuvo lesiones en el hígado y en los músculos, que son las dos primeras partes del cuerpo humano que se lesionan cuando hay desnutrición aguda. El siguiente órgano hubiese sido el cerebro...
Al hacerle aquí las analíticas oportunas, se vio tal deterioro de los músculos que se pensó en la posibilidad de una enfermedad degenerativa muscular invalidante a corto/medio plazo. En nuestro país, por suerte, los especialistas no tratan este tipo de desnutriciones, al no haberlas. Y en el Tercer Mundo por supuesto no hacen analíticas a los niños profundamente desnutridos, así que nos falta experiencia... Tras dos meses angustiosos, se vio que la causa era la desnutrición.
A nuestra hija le dieron un 33% de minusvalía, revisable al año, e iniciamos los tratamientos oportunos de rehabilitación, fisioterapia, estimulación...
Hoy en día nuestra pequeña está radiante, feliz, ha doblado su peso y su hígado y músculos van mejorando. Ah, y el médico que nos dijeron que la había visto, nunca la vio.
Pensando en todos los niños que hubo antes, y los que podía haber después, presentamos una denuncia en  el organismo correspondiente. Tras más de seis meses de espera, se nos informó que se había llegado a la conclusión de que no había negligencia por parte de la ECAI, sin siquiera solicitarnos exámenes médicos del estado de la niña...
En un viaje posterior al país de origen de nuestra hija descubrimos que toda su historia era falsa. Nada más llegar a su localidad de origen se me informó que mi hija no era huérfana, como constaba en sus papeles con fechas de fallecimiento incluidas, sino que su madre estaba viva y vivía en el centro de la ciudad. Su padre también estaba vivo aunque vivía en otra ciudad.
Yo, que iba en busca de una abuela (la que ponía en los papeles y resultó no existir) para decirle que su nieta estaba bien, me vi obligada a asumir toda esa información de repente. Me concertaron una entrevista con la madre biológica de mi hija para el día siguiente. Por supuesto, esa noche no pude dormir. ¿Cómo sería, qué circunstancias habrían rodeado la adopción de mi hija, habría sido una entrega voluntaria, sería una adopción “limpia”?
Al día siguiente salí de dudas. Tras presentarle un “collage” de fotos de niñas que llevaba para que la abuela identificase a la niña, ella reconoció a su/mi hija, así mismo me dijo dónde tenía exactamente una marca de nacimiento.
Conocí a una mujer muy joven, que había entregado voluntariamente a su hija movida por las circunstancias de su vida, extrapolables a cualquier país antes de la época del aborto.
No había sido por causas económicas, era una adopción completamente  “limpia” y ella presentaba un aspecto magnífico para llevar varios meses muerta...
El encuentro fue muy emotivo. Lloraba hasta el asistente social. Ella se alegró mucho de que su/mi hija estuviese con nosotros. Le di un montón de fotos de nuestra niña, nos hicimos también fotos y vídeo juntas (para  nuestra hija). Me llevó a la casa donde había vivido con su/mi hija. Me enteré de su fecha real de nacimiento, bastante discordante con la oficial...
Mi hija hubiese basado su vida en una mentira si yo no hubiese ido a su ciudad.
A mi vuelta llamé al organismo correspondiente, contándoles lo que había pasado y diciéndoles que tenía fotos y vídeo del encuentro, con testimonio del asistente social incluido. Su respuesta fue que ellos no tenían por qué dar por cierto lo que yo decía (¿?). Les di por imposibles y me quedé con la parte positiva, saber la verdad, poder decirle la verdad a mi hija y poder celebrar su cumpleaños de verdad.
A veces veo claramente la cara de la madre biológica en la cara de su/mi hija, sobre todo cuando pone determinadas expresiones... Ya pasé por sentimientos y reacciones diversas frente a ella, pena, comprensión, indignación, rabia... A día de hoy creo que puedo decir que ya soy más objetiva con respecto a ella”.

Buscando soluciones

Las irregularidades serán difíciles de erradicar mientras se siga ligando ayuda de cooperación o proyectos humanitarios a las adopciones. Mientras se hagan donaciones o entregas por cooperación por valor de 3.000 ó 4.000 Euros, que suele suponer entre 120 y 150 veces el salario medio mensual de una persona en los países de origen, será difícil evitar que la avaricia y la corrupción manchen los procesos de adopción. También será difícil de erradicar mientras no exista un control adecuado de las ECAIs y especialmente del uso y destino de los gastos de la gestión que realizan.