La experiencia de la Adopción Internacional en otros países

En España, debido a lo reciente del fenómeno, no contamos con estudios longitudinales que revelen la evolución de los menores adoptados durante la adolescencia y la juventud y su llegada a la edad adulta, pero en otros países con más tradición en la adopción internacional sí existen.

Con las precauciones necesarias, derivadas de una situación contextual diferente a la española, y evitando extrapolaciones que no siempre son las adecuadas, estas investigaciones pueden proporcionar una información muy valiosa tanto a las instituciones públicas, como a los profesionales que trabajan en el ámbito de la adopción, como a las familias adoptivas, para ser capaces de responder, cada uno desde el ámbito que le es propio, a las necesidades de aquellos niños y niñas que nacieron a la vida en lugares lejanos, pero que van a crecer como ciudadanos españoles y como hijos e hijas que ocupan el centro de nuestros corazones y nuestras vidas.

Suecia es uno de los países con mayor número de menores adoptados por habitantes del mundo. La mayoría de las familias adoptivas son de clase media y tanto económicamente, como desde el punto de vista educativo, están por encima de la media.

Un estudio llevado a cabo por Anders Hjern, de la Comisión Nacional de Salud y Bienestar, comparó la salud mental y el nivel de adaptación social de cuatro grupos de población nacidos entre 1970 y 1979 y que continuaban viviendo en Suecia en 1985: jóvenes adultos adoptados internacionalmente antes de los 7 años, hijos biológicos de las familias adoptivas, jóvenes adultos nacidos en Suecia de padre suecos y jóvenes adultos hijos de inmigrantes que hubieran llegado Suecia antes de los 10 años.

El estudio de Hjern muestra una serie de cuestiones que son dignas de tener en cuenta:

  • La mayoría de los adoptados internacionales, a pesar de iniciar sus vidas en circunstancias muy adversas, no se ven afectados por problemas psicológicos o de adaptación grave, una evidencia más de la capacidad de resiliencia del ser humano.
  • Los bajos porcentajes de problemas de salud mental o desajustes sociales en los hijos biológicos de familias adoptivas muestran que los factores relacionados con los padres adoptivos tienen poca importancia en el origen de los problemas de los adoptados como grupo. Los resultados muestran que los padres/madres adoptivos, como grupo, son más competentes que otros grupos parentales, lo cual es un resultado repetido en otros estudios.
  • Los riesgos de desajuste social o de problemas mentales son más altos para aquellos adoptados con familias de mayor nivel socieconómico. Una posible explicación puede ser que estas familias ponen más presión y tienen expectativas más altas para sus hijos, tanto a nivel escolar-académico, como en otras áreas de la vida que aquellas con niveles socioeconómicos más bajos. Sentimientos crónicos de no ser capaz de alcanzar las expectativas de los padres puede ser un importante factor estresante que influya en el desarrollo emocional del adoptado/a. 
  • Los adoptados internacionales que presentan problemas, obtienen resultados muy similares a los del grupo de hijos de inmigrantes, con proporciones ligeramente más altas en desórdenes mentales y ligeramente más bajos en desajustes sociales. El resultado es sorprendente, puesto que la mayoría de las familias inmigrantes tienen niveles socioeconómicos más bajos. Quizás esta similitud se pueda entender en función de los prejuicios y la discriminación que pudiera existir contra los jóvenes con una apariencia no-sueca. Esta clase de experiencias afecta a la autoestima y a la formación de la identidad de una manera negativa.

En otro estudio llevado a cabo en Holanda por Wendy Tieman, los resultados son muy similares, llamando la atención el hecho de que, como en el caso sueco, los varones adoptados muestran una mayor vulnerabilidad que las mujeres a las experiencias negativas en edades tempranas.

En Estados Unidos, en estudios similares, también encontraron que los adoptados varones tenían peores resultados que las mujeres adoptadas, comparados con la población general, en relación al consumo de drogas, el bienestar psicológico y algunos problemas de conducta, situándose el porcentaje de adoptados que no tenían problemas de desajuste social ni problemas mentales, en torno a los mismos porcentajes que en Suecia.

Especialistas de la Universidad de Leiden, en Holanda, analizaron 34 estudios sobre salud mental y otros 64 sobre problemas de comportamiento publicados en todo el mundo entre 1950 y 2005 para comparar la evolución de niños dados en adopción en el extranjero o en su país de nacimiento. Contrariamente a lo que los propios especialistas hipotetizaron antes de comenzar, los adoptados internacionales se adaptaron bien a su nuevo entorno familiar, mejor incluso que los adoptados nacionales. Estos pequeños fueron enviados a especialistas en salud mental más a menudo y, en general, dieron muestras de una mayor tasa de problemas de comportamiento que los adoptados internacionales, que a su vez, precisaron mayor atención psicológica que los biológicos, aunque las diferencias eran pequeñas. Los peores resultados se observaron entre aquellos que habían tenida peores condiciones antes de ser adoptados. Cuidados médicos insuficientes, malnutrición, separación de la madre o negligencia y abusos en los orfanatos  eran las causas más frecuentes.

Según los autores, la buena adaptación podía explicarse, en parte, debido al perfil de las familias que adoptan internacionalmente: muy motivadas y con un buen estatus socioeconómico, que les permite invertir en el desarrollo de sus hijos.

En otro estudio llevado a cabo en Suecia, se analizó el modo en que los jóvenes adultos adoptados internacionales se comportaban en el mercado laboral. Aunque el estudio no está completado, los autores anticiparon que alcanzaban el mismo nivel educativo que los suecos nacidos en Suecia y un nivel más alto que los inmigrantes que llegaron al país antes de cumplir los 10 años. En cuanto al nivel de ingreso tienen, de media, ingresos inferiores en un 4% a los de los suecos de nacimiento, y un poco más altos que los emigrantes de segunda generación. En cuanto a la incidencia que pueda representar el no tener una apariencia sueca, el estudio revela que esta circunstancia tiene una influencia pequeña.

Un resultado curioso de este estudio es que los adoptados internacionales tienen más dificultades para alcanzar un estatus marital o similar, no sólo que los suecos de origen, sino también de la población emigrante. Un resultado similar aparece en las estadísticas de un encuentro de adoptados coreanos de todo el mundo, que se celebró en Estados Unidos.

Este dato, quizás, se pueda entender con las reflexiones de una joven vietnamita adoptada por una familia australiana: “me he dado cuenta recientemente de que mis relaciones pasadas han sido sacrificadas como resultado de mi miedo al abandono. Reflexionando, he tomado conciencia que mis relaciones íntimas han sido inconscientemente saboteadas por mí, debido a mi instintiva falta de confianza. Creo que esta era mi forma de asegurarme de que no sería abandonada otra vez, como me ocurrió hace muchos años, por parte de mis padres vietnamitas. Mi temor de ser abandonada por aquellos en los que confiaba me ha hecho dudar de la fortaleza de todas mis relaciones anteriores, incluso aunque ellos no se lo merecieran. Al menos, ahora que me he dado cuenta de este patrón de conducta, espero que futuras relaciones tengan mayores posibilidades de sobrevivir”.

Todos estos resultados no los deberíamos dejar pasar desapercibidos, por las implicaciones que tienen para nuestros hijos e hijas, para nosotros como familias adoptivas y para los demás agentes psicosociales que intervienen en los procesos adoptivos, con objeto de disminuir el número de adoptados que tienen problemas de ajuste en la sociedad de acogida, independientemente de que sean una minoría.

Según Hjern, las familias adoptivas deberían obtener ayuda psicológica tan pronto como fuera posible, cosa que al parecer no ocurrió en el caso sueco, porque muchos profesionales de la salud mental pensaban que estas familias contaban con recursos suficientes para enfrentar por sí mismas los problemas. En estos casos, ser una familia acomodada había sido más bien un obstáculo que una ventaja. En España puede estar ocurriendo lo mismo con ciertos problemas escolares.

Otra medida importante sería informar a las familias de la existencia de riesgos mayores de inadaptación en hijos adoptados que en hijos biológicos, especialmente en aquellos adoptados a más edad. Por una parte, la pobreza extrema y, en consecuencia, una desnutrición severa durante el embarazo y los primeros años de vida, pueden afectar al desarrollo del cerebro de una forma, a veces, casi irreversible. Por otra parte, una institucionalización prolongada, carente de unos cuidados mínimos, puede provocar desajustes e inadaptación social y afectiva a posteriori 

Durante los años 70, cuando se hicieron las adopciones de estos jóvenes adultos, era creencia popular en esos países que los adoptados internacionales tenían exactamente las mismas posibilidades de tener una buena vida que los hijos biológicos nacidos en la propia familia. Se pensaba que amor, buena alimentación y respeto podrían conseguirlo. Hoy se sabe que esto, aunque es necesario, no es suficiente.

Es interesante observar cómo esta ingenuidad de las familias que adoptaron en la década de los 70 está muy extendida hoy entre las familias españolas que han adoptado en la década de los 90 y en los primeros años del nuevo siglo.

Los resultados de estudios de este tipo, y la opinión de expertos en el tema, que llevan trabajando mucho más tiempo que nosotros en España, deberían hacernos reflexionar para, en la medida de lo posible, disminuir las posibilidades de desajustes y problemas cuando los que hoy son niñas y niños, algunos de ellos entrando ya en la adolescencia, lleguen a la edad adulta.